Borrar todo lo que habías escrito, asumiendo que no vale la pena.
Subir solo la foto, que lo vale. 

Pampa y algo

Una esquina no representa nada. Ni siquiera tiene un nombre interesante como un callejón o un desvío. Una esquina es solo eso, dos calles que se cruzan.  Y al cruzarse  pueden no afectarse absolutamente en nada. Pueden seguir su camino de origen, sin siquiera notar que otra calle las rozó, sin cambiar nada. O no. Pueden saber que otra calle las atravesó, quizás cambiando su numeración, su nombre, cambiando todo lo que son.

Había una esquina que miraba cuando era chica, convencida de que no muy lejos debía estar lo que estaba buscando. Y aún cuando pasaron los años, cada vez que la veía, ya sin buscarla, volvía a pensar que probablemente estuviera sobre la pista.

No me equivocaba. Y ahora que la conozco mucho más de lo que creía conocerla hace años, no puedo no verla, no puedo no mirarla, y no puedo no buscarla. No puedo estar parada a metros de esa esquina tan diferente a la que creía ver sin pensar demasiado.

Probablemente yo haya pasado a ser parte de esa esquina, y haya sido atravesada cambiando todo lo que soy.

El origen

Cuando era chica, mis dos mejores amigos en la vida eran un par de mellizos que había conocido en salita de tres. Lo mejor de estos mellizos era que uno de ellos era compañerito mio, y cada vez que yo lo molestaba me decía que su hermano grande me iba a venir a pegar. No tenían más hermanos. 

Hoy me puse a pensar en ellos, y a analizar lo que fue esa amistad que duró más diez años, hasta que se disolvió con la adolescencia. Y me di cuenta en primer lugar, que fue raro que esa amistad perdurara durante tantos años sin ir juntos al cole, al club, ni a ningún lado de esos a los que van los niños. De todas maneras, había una cierta presión de los padres, que se juntaban a cenar cada sábado de la vida tirándonos en un cuarto a jugar juntos.

Pero por otro lado, pensar en ellos me hizo darme cuenta que esa amistad explica gran parte de lo que soy:

1) Desde que tengo memoria y hasta el día de hoy, me resulta mucho más facil relacionarme con hombres que con mujeres a la hora de entablar una amistad, o hasta una charla. Me siento más cómoda, siento que tengo más en común, y me sale completamente natural. Evidentemente, estar 20 hs al día con dos varones desde los tres años hasta los quince, deja su huella.

2) Muchas de las horas (miles y miles) que pasamos juntos, las pasé jugando al Family, al Nintendo y a la primera Playstation con ellos. Viendo cómo jugaban, intentando jugar yo, y más que nada enojándome porque me ganaban. Eso debe explicar en gran medida mi lado gamer, y por sobre todas las cosas, mi amor por los juegos clásicos.

3) Dragon Ball, Pokemon (incluyendo la peli), los Supercampeones, Silver Hawks, las Tortugas ninja, Star Trek..solo algunos de los programas de tele que veíamos juntos religiosamente. Y claro, jugábamos con sus respectivas action figures, de las cuales teníamos muchísimas por alguna razón (no son muñecos!). Cómo la gente va a esperar que no sea una fuckin fangirl adicta a la memorabilia?!

4) Uno de los únicos canales de cable que teníamos permitido ver era The Box. Una suerte de MTV pero no. Solo pasaban videoclips, tenías que llamar y pedirlos o algo del estilo. Pero no pasaban tu mensaje, solo valía como voto. Como sea que fuera, era música constantemente de fondo. Constantemente. No hace falta el remate de este punto.

Gracias Mar y Ochi por haberme dado tanto sin ni habernos dado cuenta.

De ciudades y pañales

“Hace mucho que no escribís, loca!” me dijo esta semana un amigo. Y me dio bronca que tenga razón. Hace días que pienso en esta suerte de diario virtual y en las ganas de darle algo nuevo, pero no lo hice. No se si el problema fue que no tenía nada para decir, o que tenía demasiado para decir y no sabía ordenarlo. O peor, cosas que mejor no decir (you live, you learn).

Hoy no estoy segura de haber podido ordenar mis ideas, ni de si tengo algunas concretas en realidad, pero escribir por el simple hecho de disfrutar un rato haciéndolo, vale la pena. Por eso presento estas breves notas sobre estos temas tan presentes en mi hoy. Seguramente no signifiquen mucho para nadie más que para mi. Pero así suele ser todo por acá. No democracia.

New York City, center of the Universe.
Hoy en día cada minuto en el que estoy sola, todo le da vueltas a la Ciudad (si, con mayúscula). Cada pensamiento va solo por ese camino. Porque calculo que la vida puede ser genial y estar en su mejor momento, pero es aun más genial si podés escaparte brevemente de ella. Te hace darle más valor a esa vida, y claro, disfrutar de ese escape como se disfrutan esas cosas que se sabe que terminan.
Y así es como lo pienso disfrutar.
O por lo menos así lo veo en los trailers que se generan varias veces al día en mi cabeza. Cámara lenta, colores saturados, risas espontáneas, outfits geniales, música canchera de fondo, las tres viajeras en escena sin saber quién carajo sostiene la cámara..todo lo que tiene que tener un buen trailer. Jugar a ser parte de una película de Woody Allen. Ya fuimos Annie Hall.
Si, por momentos la ansiedad me come. Pero por suerte la vida sigue siendo la vida, y me lleva de la mano en el día a día, sin dejar que el escape pase a ocupar su lugar.
Buenas noches Buenos Aires, buenos días New York.

De bebés y de lágrimas. 
Por lo general todas las mujeres suelen derretirse ante la idea de un bebé. Las niñas son programadas desde la más temprana edad para abrazar, apretar, alzar y hablarle en un pitch altísimo a cuanto bebé tengan cerca. Yo no. Jamás me interesó. Nunca tuve a un bebé a upa en casi 25 años. Nunca me dieron ternura ni me tentó olerlos ni acariciarlos. Nada más lejano a eso.
Hasta hace 10 días. Hasta que nació Jazmín, la primera persona recién nacida que hace que me vuelva loca. La hija de amigos. El primer bebé del grupo. La prueba empírica de que podemos crear nuestra propia gente.
De más está decir que la miré, la olí, la besé, la alcé, y la mimé hasta cansarla. Y lo pienso seguir haciendo.
Long story short? Ahora no puedo ver a un recién nacido ni en la tele (dónde más veo recién nacidos?) sin llorar. 

Y ahí están. Las notas sobre los temas de actualidad. De mi actualidad. Mis notas. No mucho para ver por acá.

End of an era

Algo que todavía tiene que ver con el desarraigo.

Pensar que estás esperando que algo termine desde hace tiempo. La ansiedad hizo de la espera algo insoportable y durante semanas no quedaba más que rogar que el final (o el comienzo) se acelerara para no tener que tolerar más la incertidumbre, la incomodidad, las miradas. De tanto esperarlo te olvidaste de procesarlo. De tanto esperar que llegue, se te pasó ponerte a pensar en qué era lo que iba a llegar.

Llegó. Tenías tantas ganas de que llegara que la angustia te tomó completamente por sorpresa.

De repente, las últimas semanas que quisiste que pasaran más rápido que nunca, se fueron. Y no las disfrutaste. Las últimas semanas deberían haber sido de fiesta, bondeo (de bonding), nostalgia. Pero fueron de bronca, hastío e impaciencia. Y hoy te das cuenta de que las últimas semanas terminaron, y que nadie lo está reflexionando de la misma manera en la que lo estás contemplando vos. O si, pero no lo van a mostrar ¿o si?

Sabiendo que en días vamos a ser la mitad, que hay gente que no vas a ver nunca más. Quizás es gente a la que no te interesaba ver nunca más, pero de cualquier manera no van a estar. O vos no vas a estar.

Quizás la actitud de las últimas semanas fue proteccionista y defensiva. Igual que no escribir esto en primera persona.

La gente pasa, los trabajos pasan, nosotros pasamos. Pero aunque sea por un rato, hace que sintamos algo, lo que sea, en el pecho y digamos “che, qué bajón”.

Sentada en la mesa de la cocina, en el mismo lugar en el que me vengo sentando desde que a los seis años puse pies en esta casa por primera vez. Pero ya no somos cuatro, somos dos, desde hace años.
Aun así, sentada en ese mismo lugar lloré de la misma manera. Una pelea con ella, una levantada de voz (mía, siempre mía), un grito, las primeras lágrimas. Y después ese sentimiento horrible de cuando estás comiendo y llorando a la vez, con la boca excediéndose en saliva.

Y todo empieza con un llanto por una pelea, cosa que solo pasa con ella, porque en otras circunstancias esta adulta no llora por una pelea. Pero el llanto muta, cambia, evoluciona y deja de ser por eso inicial. El llanto libera y me libera. 

De golpe lloro a los gritos por todo lo que está mal en la vida, por lo que no está tan mal pero da miedo, y por lo único controlable que no me dejo disfrutar.

Y lloro por todas esas cosas adultas sentada en la misma silla de los seis años, de los diez y de los quince. Y estoy sentada ahí con la remera de Zeppelin sintiéndome con la pollera del colegio.

Y pido perdón por el exceso de comas, que como dijo hoy el (genial) profesor Barcia: al nacer nos proveen de una bolsita de comas que vamos desparramando (mal) por la vida a lo largo de la misma.

Patrick: So what’s your excuse? 
Kat Stratford: For? 
Patrick: Acting the way we do. 
Kat Stratford: I don’t like to do what people expect.Why should I live up to other people’s expectations instead of my own? 
Patrick: So you disappoint them from the start and then you’re covered, right? 
Kat Stratford: Something like that 
Patrick: Then you screwed up! 
Kat Stratford: How? 
Patrick: You never disappointed me. 

Desarraigo

El desarraigo es una cosa jodida. Más allá de cómo lo defina la rae (lo quiero, profesor Barcia), al desarraigo yo lo definiría como una verdadera cagada. Y más profundamente, lo describiría como aquello que sentimos cuando nos arrancan algo sin estar preparados para dejarlo ir.

Y eso puede pasar en miles de aspectos de la vida (no sé si la vida tiene tantos aspectos, al menos no la mía, pero los que tenga): nos puede pasar con los amigos, con las parejas, con las familias, con alguien que deja la vida terrenal, con algo que amamos o a lo que estamos acostumbrados, o hasta con colegas.

Siempre me interesó saber cómo uno se arraiga en primer lugar. Suele pensarse en las relaciones de pareja, pero está en todo. Me anonada ver cómo dos perdonas se pueden enamorar (no necesariamente románticamente) y sentir tantas cosas uno por el otro, aún habiendo tantas otras personas a su alrededor. Cómo pueden aceptarse a pesar de ser seres completos absolutamente individuales. Y a la vez, cómo uno puede arraigarse a una situación hasta el punto de no recordar o no querer imaginar cómo eran las cosas antes de que se plantee.

El desarraigo es cuando nos separan de alguna de esas cosas. Sin que lo esperemos. Como una cachetada que no ves venir. Y duele, y ni siquiera entendés bien por qué duele. Si tenés tan mala suerte como yo, quizás hasta te descomponés en un primer momento.

No hay un remate astuto o ingenioso para esto. Es solo eso, el sentimiento doloroso y sorpresivo del desarraigo.

De todas maneras, hay algo que me encanta de la vida. Y es que siempre se logra el “arraigo” nuevamente. Todas esas combinaciones, encuentros, desencuentros, enamoramientos (de todo tipo, amistosos, amorosos, de las cosas y situaciones), querer, llorar, decepcionarnos, volver a enamorarnos, disfrutar, ser felices, sentirnos en nuestros lugar en el mundo…pasan solas. Y nunca se analizan demasiado. 

Pero me encantaría entenderlo. O quizás no, porque eso lo hace todo más interesante.

Top 5 de la mejores cosas de High Fidelity

1. Es larga. Da tiempo de absorberla y disfrutar de cada uno de los diálogos

2. Los diálogos. Monologos de Rob Gordon, que habla como siempre quise hablar en la vida, o habla como la gente de la cual siempre me quise rodear

3. El hecho de que Joan Cusack, hna de John Cusack haga un pequeño personaje que a la vez es importantisimo. Y ambos son todo.

4. Catherine Z Jones, y su personaje Charlie. Pretenciosa y absolutamente genial para expresar cómo es el y cómo se relaciona y piensa de la gente

5. La música

Y el bonus track en las mejores cosas de High Fidelity: llueve toda la película.
Lo cual podria ser un cliche o una exacerbacion del recurso emotivo o tragico..pero no. Lo mejora.